Esa melancolía solía ser emoción, esta rabia solía ser melancolía, este amor solía ser rabia y ahora ese amor solo se volvió cansancio.
Amar y ser amado implica ser cambiado en más de un sentido; implica ser herido, pero también ser sanado.
Es la pura condición de la existencia; volverse primavera implica aceptar el riesgo del invierno, volverse presencia significa aceptar el riesgo de la ausencia, y como soy experto en perder, mi intento de ausencia derivó en estar solo y cansado en medio de la nada, sin una voz al lado mío.
Amar es lo más hermoso de la vida: duele, te destruye, te pone en una posición de siempre perder, es una droga poderosa, es un éxtasis de duración indefinida que no termina con la ausencia, porque entonces se vuelve en algo peor: nostalgia.
He aprendido a entender que aferrarse a la esperanza de que las cosas mejoren bajo la idealización de tus propios recuerdos es nada más que hacer que las cosas nunca mejoren, aunque la esperanza es un placebo tan efectivo que terminas dejando de notar que es lo que te está haciendo caer una y otra vez. Incluso mi mayor detractor, mi señor padre, concuerda en que aquellos que simplemente se sientan a esperar la muerte y no pretenden algo con su vida son quienes entienden el sentido de esta.
Y he de decir que lo he comprobado. Mis mejores recuerdos toman lugar después de un seco y firme 'Chingue su madre'.
No vivo en esperanza de días mejores, vivo en recuerdo de que mis "Días mejores" ya pasaron, y estoy bien con eso. Mi viejo dice que quizás no soy feliz porque espero mucho de la vida, pero lo que él no comprenderá incluso después de mi muerte es que de hecho ya no pido nada.
La inocente emoción de un por venir que era sencillamente apreciar el momento y desear que el día siguiente fuera igual de genial a la hora de dormir se volvió un constante y redundante 'ayer fue mejor', y eso luego se volvió en un repetitivo estado de melancolía que me consumió por tres años de mi vida, la emoción de un 'mañana será mejor' se volvió una mentira desesperada por pensar que había algo más para mi allá afuera.
Luego, esa melancolía se tornó rabia. En un punto en el que me aferraba a la falsa libertad que mi edad me permitía, bajo esa esperanza de vivir y prosperar me di cuenta de lo poco que significaba, de que todo lo que estaba haciendo no me estaba llevando a nada, que esos girasoles que estaba cuidando con tanto anhelo y que volví mi única esperanza yacían muertos. Y así fue por meses. Ya no estaba ese vacío que la melancolía de antes ocasionaba, ese vacío se llenó de rabia.
Hasta que esa rabia fue cambiada por amor. En un punto en el que todo dejó de importar, me enseñaron la libertad que te da dejar de preocuparte por todo. Dejé de preocuparme por ser insuficiente, dejé de preocuparme por mi futuro, por mis padres, por 'hacer algo', y empecé a apreciar todo a mi alrededor. Esa rabia desmedida se volvió amor. Amor por todo, por el imperfecto mundo en el que vivimos, por la tristeza, por la alegría, por la soledad, por la compañía, por todo menos el sistema que nos evita notar todo esto. Aprendí a amar, y aprendí a ser amado. Pero la presencia te expone a la ausencia.
Entonces, ahora estoy solo. Ya no pido nada porque entendí lo que tenía que entender. Todo ese amor simplemente desembocó en cansancio. Estoy conforme, dudo que hubiera podido hacer algo más, así que me voy feliz. Y si tú que lees esto aún crees en la esperanza, puedo decirte que no hay luz al final del túnel, solo está el túnel.
-Burn!
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