De pequeño amaba la lluvia, amaba ver el cielo gris, amaba el frío de la misma forma que amaba el olor a café.
Ahora... ahora odio la lluvia.
Siento rabia de ver el cielo gris, anhelo el calor a pesar de odiarlo y cada mañana siento ese ardor sabor a cafeína dulce recorrer tortuosamente mi garganta.
Me pregunto, de verdad nada queda para mi?
O solo es mi pequeño yo que sigue soñando con volar al espacio cuando atado a un certificado siempre voy a estar?
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